Desde el Estigia y a través del Leteo.

Soy Pepe y estoy aquí, ¿puedes verme? Sólo quiero mirar y hablar un poco, mirando a través del río terrible que es el Estigia, y pasando con cuidado por el Leteo, que en cualquier momento y descuido se comerá todos los recuerdos.

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Nombre: Pepe
Ubicación: Ninguna, Región este.

Érase yo, y me perdí, desde entonces vago. Me gusta platicar, me gusta admirar, me gusta contar, y si no hay nada más, vamos a gritar. Si la tranquilidad es adecuada, dormiré, mayor delicia no hay.

sábado

Luna.

¿Sueles ver la luna Karl?

Para mí la luna era sólo la luna, un astro blanco que a veces era enorme y amarillento, y que algunos vislumbraban tatuada con un conejo además de ser el símbolo romántico por excelencia para algunas personas. Crecí y descubrí el conejo. Crecí algo más y me empezó a gustar, sobretodo menguada. Resulta que siempre he sido aficionado a las armas y la media luna parecía una excelente remembranza de una guadaña, una guadaña de Muerte para ser precisos. Crecí algo más, y platicando con una amiga descubrí que la luna estaba muerta y era capaz de matar en venganza por su estado de difunta. Ahora, otro tanto de tiempo después, me he hecho aficionado a ella, sobretodo cuando está no pálida, blanca, toda ella blanca... Ya sea llena como una medallita en el cielo, o apenas una uña que se vislumbra con su complemento oscuro.

Luna era también una niña de cabello negro alborotado con una pequeña cola de caballo, de mirada triste e historia trágica que buscaba el espejo blanco decidida a todo y sin importarle consecuencias. Vestida con falda parchada, huía de su abuela, la bruja perversa que estaba obstinada en convertir a su nieta en sucesora. Luna...

¿Por qué estará allá arriba la luna? ¿Por qué estará ahí siempre? ¿Por qué se deprime y se oculta para luego regresar tan sonriente como siempre? ¿Qué pensará, qué tramará? ¿Sentirá? ¿Nos mirará con la misma atención que nosotros a ella? ¿Por qué su luz es tan gentil y suave, al tiempo más brillante de lo que se espera? ¿Me estará escuchando? ¿Cumplirá deseos? ¿Esperará a alguien?

Resulta que al principio no había luna, y entonces los dioses de todas partes se reunieron para hablar al respecto. Como dioses que eran son y tal vez serán, conocían algo del futuro, y sabían que la luna debería de existir, pero era un problema complicado. El sol había salido como experimento fallido, demasiado caliente y letal, tanto que tuvieron que hacer que girara en torno a la tierra para que no la tostara y quemara por completo. Las estrellas habían sido un accidente, pequeñas chispas de la forja celestial en que todo fue creado (incluida la forja misma), pequeñas chispas que se quedaron pegadas en el manto celeste. Necesitaban pues los dioses algo que fuera brillante, más que las estrellas y menos que el sol, que no quemara y que pudiera rondar como el sol. Los dioses deliberaron y acordaron que lo mejor era un astro del tamaño del sol pero con la misma luz de las estrellas. El dios herrero de los volcanes ofreció hacer un nuevo sol para usarlo como base aunque no garantizaba poder hacerlo menos brillante, el dios chacal de la muerte añadió que mataría al astro en cuanto naciera para cambiar su brillo cegador por uno mortecino, el dios dragón decidió que debería ser un astro cambiante pues sólo así podría mantenerse vivo estando muerto. Nació la luna, y nació triste. Tan hábiles habían sido los dioses como crueles, sólo consideraron el uso que ella tendría, pero no la tomaron a ella en cuenta. Y ella lloraba y no permitía que ningún dios se le acercara. Tuvo que ser una diosa, la diosa tejedora con falda de huesos cruzados, quien le engañara, era por el bien del mundo... Y pasaron años y la luna seguía triste y llorando, trataba de acercarse a la tierra pero estaba encadenada con la cadena hecha de pasos de gato, barbas de mujer, raíces de montaña, voz pez, tendones de oso y saliva de pájaro. Uno de los dioses, la serpiente con plumas, conmovido, pero sabiendo que ella debía permanecer allá arriba, le regaló un conejito para que le hiciera compañía. La luna se alegró mucho y dejó de llorar, no así de añorar... Ella no quería ir al cielo y vagar, quería estar en la tierra, y es por eso que siempre le mira, incluso cuando el sol está presente, añorando por siempre una vida que jamás le fue concedida...

Como sea, parece que la luna ha tenido etapas diferentes en su vida (¿o muerte?) y resulta comprensible, con tanto tiempo que llevará allá encerrada en el cielo, es obvio que esté aburrida y busque formas de entretenerse.

Es la luna...

Nos vemos.

4 Comments:

Anonymous lizzy said...

Justamente hoy escuché una cancón que tenía ya mucho tiempo sin escuchar, áquella del toro enamorado de la luna... es linda te la recomiendo

22:45  
Anonymous Mokona said...

Luna lunera cascabelera!! XDDDD JAjajajaja.. que sonza:P gomen'ne... muy bonito relato, algo filosofico pero no me sorprende viniendo de ti XD... aa y para terminar de decir sonzadas te falto nombrar a "Luna" aquella gatita color morado que dio vida a la valiente Sailor Moon... (sobre todo por lo valiente) XDDDD
Nos vemos [Mokona se va saltando hacia su adorado y lejano céphiro]

14:59  
Anonymous Selenita said...

Muy Ende, no?
Cambia tu manera de persibir la luna? o es la luna la que cambia?
EL hombre lobo dice que los dos, el toro enamorado de Liz, dice que es cuestion hormonal.
Cambios, pero permanece el sentimiento lunar.

19:26  
Blogger maru said...

Has visto como el herrero en el yunque
va golpendo el metal,
y de la fragua ese hierro tan tosco
cobra hermosura, forma y vigor.

También nuestras vidas
deben ser fraguadas
para resistir el frío y el dolor,
aquí forjamos nuestra aventura
que sigue por la ruta de la Cruz del Sur.

Son las estrellas en la noche del campo
como chispas de metal,
que nos conversan de una fragua infinita
donde el Señor al mundo forjó.

También nuestras vidas
deben ser fraguadas
para resistir el frío y el dolor,
aquí forjamos nuestra aventura
que sigue por la ruta de la Cruz del Sur.

21:02  

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